Desde ese 28 de septiembre, Damián no ha podido dormir bien ni comer como antes. Lo único que espera es encontrar a su hijo Felipe desaparecido por el Estado mexicano el 26 de septiembre 2014.

Texto: Kau Sirenio
Fotografía: Enrique García Meza
Cuando Damián Arnulfo Marcos recibió el aviso sintió que las piernas le temblaban; apenas pudo caminar para llegar a la cocina donde Dominga preparaba el café para los visitantes. No le dio tiempo de llevar las jícaras de café a los informantes. Un nudo en la garganta le impidió hablar con su esposa.
Desde ese 28 de septiembre, Damián no ha podido dormir bien ni comer como antes. Lo único que espera es encontrar a su hijo Felipe desaparecido por el Estado mexicano el 26 de septiembre 2014.
Horas antes de recibir la noticia, la familia Arnulfo Rosas tenían planes de ir a los elotes para preparar unos tamales y tortillas de elote, para celebrar el día de San Miguel Arcángel. Ese convivio nunca llegó.
En cuanto los emisarios se despidieron, Damián y Dominga revisaron sus ahorros: ni uno ni otro tenía lo suficiente. Dominga revisó entre sus morrales y encontró un billete de quinientos pesos que Felipe le había dejado cuando los visitó a Rancho Ocoapa, municipio de Ayutla, el 15 de agosto.
Desde ese día Damián abandonó su parcela de maíz y frijol y se encaminó a Ayotzinapa. Sin conocer el lugar, viajó durante cuatro horas, acompañado de su esposa y una persona que le sirvió de guía e intérprete. Para comunicarse con los demás padres de los normalistas aprendió otro idioma. El español.
Desde finales de septiembre de 2014, tío Damián camina entre el ocotal de la sierra de Ayutla de los Libres, para llegar a la escuela donde su hijo Felipe Arnulfo le dijo que estudiaba para maestro rural bilingüe. A visitado universidades del país y protestar frente a cuarteles militares.
Lo primero que supo de boca de los emisarios fue que a su hijo lo detuvo la policía municipal el 26 y 27 de septiembre en Iguala, cuando realizaba actividades de colecta para costear el viaje a la marcha nacional de 2 de octubre, junto con 42 de sus compañeros.
–Sàà ni xíni kivi nda ñú’ú ta lo’o sé’e un Felipe (¿Cómo te enteraste de la desaparición de Felipe?) –preguntó a Damián.
–Nos dijeron que estaba en la cárcel, pero cuando llegamos a Ayutla nos dieron otra razón: que la policía lo desapareció. De ahí conseguimos más dinero para pagar a una persona que nos acompañara, porque no conocemos el camino.
Agrega: “Cuando llegamos a la escuela vimos a muchos papás llorando; yo no sabía qué pasaba porque no hablo como ellos; hasta que una paisana me dijo que Felipe no aparecía y sus compañeros también estaba desaparecidos. Los demás lloraban porque no sabían si sus hijos estaban detenidos o muertos”.
La desaparición de Felipe, llevó a Damián quedarse en la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa durante la búsqueda desde el 29 de septiembre. Regresó a Rancho Ocoapa seis meses después para no olvidar el canto de las aves y olor de ocote. En 2018 fue comisario de su pueblo.
Cuando Damián llegó a la Normal de Ayotzinapa era monolingüe, tenía dificultades para comunicarse en español. Sólo sabía lo necesario para no morir de hambre; cuando llora lo hace en silencio porque los demás no comprenden su dolor. Ahora aprendió gritar a los cuatro vientos: Justicia, justicia.








