
En 2015, Beatriz Mojica Morga fue candidata del PRD a la gubernatura del estado y en 2018 abanderó la alianza PRD-PAN-Movimiento Ciudadano en la contienda por el senado de la República. Es decir, fue adversaria del partido que hoy la convierte en su virtual candidata, en dos episodios cruciales para la lucha por derrotar al viejo régimen.
Escribe: Ulises Domínguez
Fotografía: Cristopher Rogel
Tras el nombramiento de Beatriz Mojica Morga como coordinadora en Guerrero de la Defensa de la Transfomación y la Soberanía Nacional, por parte del Morena, se asoma la falsedad del discurso del partido gobernante, en el sentido de rectificar errores de la dirigencia que, en su momento, encabezó Mario Delgado; concretamente, la entrega de candidaturas a personajes impresentables, que lejos de fortalecer la simpatías de su base y de simpatizantes, causan una profunda decepción y alejan al partido del proyecto social que le dio razón de ser. Es decir, degeneran el proyecto original con el que Andrés Manuel López Obrador fundó el movimiento del que surgió el partido Movimiento de Regeneración Nacional, basado en tres premisas fundamentales, a saber, no mentir, no robar y no traicionar, y sobre todo en el ideal de que por el bien de todos primero los pobres.
A su arribo como dirigente nacional del Morena, el 3 de mayo de este año, Ariadna Montiel dijo asumir la responsabilidad «con plena conciencia de que aquí lo que importa son las causas y el bienestar del pueblo». Su colocación frente al timón del partido oficial dejaba entrever la voluntad política de enmedar los errores hasta esa fecha cometidos por las dirigencias que le antecedieron.
Pero ahora que enfrenta su primera lucha electoral, la realidad se le aparece con toda su crudeza, y Ariadna Montiel parece no tener más estrategia que botar al cesto de la basura sus promesas y echar mano del pragmatismo que le garantice buenos resultados electorales, al margen de si esto significa mantener o no la congruencia con los postulados del partido.
Claro que este tipo de decisiones no las toma ella sola, por lo que no se le puede atribuir toda la responsabilidad.
La falsedad del discurso rectificador de Montiel se aprecia tanto en la reincidencia de estas decisiones contrarias al sentir de la militancia, como en tratar de posicionar una narrativa que asume el compromiso de mantener la cercanía con la ciudadanía y la unidad interna del partido, narrativa que no tiene ningún asidero en la realidad y que remite inevitablemente a la derecha, que basa sus estrategias en falacias, mentiras y, en el mejor de los casos, verdades a medias. Imponer candidatos cuestionados no fortalece la unidad, sino todo lo contrario.
El propio nombramiento de los llamados coordinadores de la Transformación en una falsedad más del Morena. En realidad, se trata de una maniobra por demás tramposa para violar la ley electoral a fin de realizar actos de campañas anticipados para elegir a sus candidatos a puestos de elección popular antes de los tiempos estipulados por la ley.
A lo anterior se suma otra incongruencia que hermana a la dirigencia de Montiel con la de Mario Delgado: el insultante desdén hacia la militancia a la hora de entregar candidaturas o cargos a personajes no solo alejados, sino completamente contrarios a la ideología del partido que fundó Andrés Manuel López Obrador; y pedirles disciplina, al más puro estilo priista. Uno de los casos emblemáticos de este desdén es el de Sergio Mayer. Cuando voces críticas al interior del Morena cuestionaron la entrega de una diputación plurinominal al farandulero, el director del Instituto Nacional de Formación Política del partido, Rafael Barajas, el Fisgón, como padre autoritario que regaña a sus pequeños hijos, les ordenó que se callaran, que crecieran y que maduraran.
La lectura es que Morena apuesta fuerte en Guerrero en su afán no solo de ganar el poder estatal, sino de fortalecer una presencia hegemónica que le garantice el control total en esta entidad, a fin de que este reducto de poder ayude a completar el rompecabezas nacional.
Más allá de si la encuesta realmente favoreció a Beatriz Mojica, queda la duda acerca de la metodología que se usó para llevarla a cabo. Obvio que la más conocida de todos los que participaron es ella, en virtud de que tiene muchos años activa en la vida política de Guerrero, aunque sus primeros pasos en esta actividad los dio en la Ciudad de México al lado de Los Chuchos, grupo que por su ambición y corrupción desmedidas hundió al PRD.
Y es que resulta inverosímil que la militancia de base tenga tan poca memoria histórica como para investir como su abanderada a una mujer que no solo no picó piedra para construir los cimientos de lo que ahora es el partido que dice impulsar la transformación del país, sino que se erigió como una de sus más acérrimas detractoras. Un usuario de Facebook escribió en su cuenta «…entonces es cierto que eso de “que los fundadores nunca ganamos una encuesta ni en nuestra propia casa”».
En 2015, Beatriz Mojica Morga fue candidata del PRD a la gubernatura del estado y en 2018 abanderó la alianza PRD-PAN-Movimiento Ciudadano en la contienda por el senado de la República. Es decir, fue adversaria del partido que hoy la convierte en su virtual candidata, en dos episodios cruciales para la lucha por derrotar al viejo régimen. Incluso, en la elección federal de 2018, fue de las más feroces antiobradoristas de Guerrero, al grado de que llamó autoritario al entonces candidato presidencial del Morena, por lo que advirtió de que nunca se uniría al fundador de este partido.
La falta de vocación social y de izquierda de Mojica Morga está retratada en su propia trayectoria. Empezó su carrera política cuando se fundó el PRD en 1989, se dice que bajo la tutela de algunos de los que a la postre serían los enterrradores del que a finales del siglo pasado se constituyó como el principal referente partidista de izquierda en México: Los Chuchos.
Si bien en sus inicios, Mojica Morga apoyó el proyecto progresista encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas y militó en el PRD en los mejores años de este partido, antes de que de manera oportunista abandonara los despojos del PRD para integrarse al Morena, ella perteneció al grupo de Ángel Aguirre, lo cual indica que sus convicciones de izquierda, si es que tenía algunas, se tornaron de la noche a la mañana hacia un cacique priista de toda la vida, que pasó al PRD no por abrazar ideas de izquierda, sino porque en su partido de toda la vida, del que obtuvo todos los cargos en los que se enriqueció y que le dieron la posición privilegiada que lo convirtió en cacique, le negó la candidatura a gobernador para dársela a su primo Manuel Añorve.
Aguirre es uno más de esos casos en los que se cambia de bando no por convicción, sino por conveniencia. Porque de haber logrado la candidatura del PRI, nunca lo hubiera abandonado. Un caso muy similar al de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, con la diferencia de que el michoacano no alcanzó el poder y, por lo tanto, no sufrió el desgaste que éste ocasiona.
Antes, como ya se mencionó líneas arriba, Mojica perteneció a la tribu perredista de Los Chuchos, personajes cuyas prendas más distintivas fueron la ambición desmedida, la falta de escrúpulos y el mercantilismo político.
Por ello, se puede decir que la base electoral de Beatriz Mojica se compone básicamente de experredistas y expriistas, segmentos estos que en Guerrero se encuentran muy disminuidos. A esta circunstancia negativa de la virtual candidata del Morena, se suman algunos otros factores en contra. Uno de ellos es el pésimo gobierno realizado por la gobernadora Evelyn Cecia Salgado Pineda y su padre Félix Salgado Macedonio, quien es el verdadero poder tras el trono en Guerrero. Otro más, quizá el que a la postre pese mas, es que la militancia morenista le pase factura a su partido y no salga a votar.
Pero aun con estos antecedentes, la victoria del Morena en Guerrero está casi garantizada, debido a que la oposición no pinta en absoluto. No tiene caso por el momento abundar en este punto.
Hace seis años, cuando empezaron a brotar los suspirantes a la gubernatura estatal, a saber, Félix Salgado, Evodio Velázquez y Mario Moreno, entre los principales, advertí, en el programa Trinchera Radio, que se transmitía por Radio Universidad Pueblo, que quedara quien quedase como candidato y ganara quien ganase la gubernatura, a Guerrero le esperaban seis años de mal gobierno. No se necesitaba ser un gran analista para prever esa situación, pues los entonces aspirantes eran de sobra conocidos.
Ahora, seis años después, también se puede anticipar que a Guerrero le espera un sexenio más de estancamiento, si no es que de retroceso. Porque si en el terreno federal la obra de construcción de la 4T apenas se encuentra, después de ocho años, en obra negra, en el predio guerrerense todavía ni siquiera se ha tratado de emparejar el suelo para empezar la cimentación.
Simplemente se armó la ceremonia de inicio de obra, pero embebidos por el festejo, los (i)responsables no colocaron ni siquiera la primera piedra. Se les olvidó que habían asumido el compromiso de empezar la obra de transformación que espera el pueblo de Guerrero, o de plano no les interesó llevarla a cabo.
Entonces, si no hay primer piso, es pura demagogia prometer la construcción del segundo.








