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Periodismo en lenguas originarias frente a la mirada colonial

Periodistas cuestionan las narrativas construidas desde fuera de sus comunidades y reivindican el derecho a informar en sus propias lenguas y territorios.

Kau Sirenio, Marcela de Jesús Natalia y Víctor Martínez Landez conversan sobre los retos de hacer periodismo en lenguas originarias. Foto: Susana Moncada.

Por: Susana Moncada y Eveline Balbuena / Mentoría: Zorayda Gallegos

Ciudad de México, 10 septiembre, 2026.- Durante cientos de años, la historia de los pueblos originarios fue contada desde una perspectiva colonialista. “Cuando vas a una comunidad ñuu savi, me’phaa, nahua, ñomndaa, wixárika, ch’ol, tzotzil, no vas a encontrar archivos, porque nuestros archivos fueron destruidos hace quinientos años”, afirmó Kau Sirenio, periodista y escritor ñuu savi, durante el conversatorio ¿Cómo cambia la manera de contar una historia cuando se hace en lenguas originarias?

Ñuu Savi y Ñomndaa son dos de los pueblos originarios con mayor presencia en Guerrero. Durante décadas, fue costumbre dirigirse a ellos como “mixtecos” y “amuzgos”, respectivamente, en lugar de reconocer los nombres con los que estos pueblos se autodenominan, contó el periodista durante el evento realizado como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios de la UNAM.

Para Kau, hacer periodismo en lenguas originarias también permite construir narrativas más sensibles a la realidad de las comunidades y evitar enfoques estigmatizantes o revictimizantes. “Importa también porque tiene que contarlo el hablante, el que conoce el territorio, el que conoce la asamblea, el que conoce el sistema normativo propio de las comunidades”, expresó.

El periodismo que se hace sobre los pueblos originarios y no de la mano de ellos es extractivista y hay que cuestionarlo, enfatizó el periodista.

“Van, extraen y se regresan…eso no se debe hacer” 

Kau Sirenio, periodista y escritor ñuu savi, en la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y Universitarios. Foto: Susana Moncada.

En el conversatorio también participó Marcela de Jesús Natalia, locutora, periodista y activista ñomndaa, quien sostuvo que comunicar en su lengua es una forma de empoderar a la comunidad. “Merecemos el derecho a estar informados y seguiré picando piedra para que se nos dé la oportunidad en diferentes medios de poder traducir realmente qué está sucediendo en nuestro país”, afirmó.

Marcela expresó que su principal lucha actualmente es informar a sus hermanas y hermanos ñomndaa de lo que ocurre en el país y, principalmente, hablarles de derechos humanos y de problemáticas como la discriminación. Su labor activista, explicó, consiste en combatir a los agentes en el poder que se benefician de mantener a estas comunidades en la ignorancia. 

Desde muy joven, Marcela se ha desempeñado como traductora local en distintos asuntos de su comunidad. A partir de su experiencia, advirtió que estas comunidades están atravesadas por múltiples intereses políticos que afectan la calidad del periodismo que se hace en torno a ellas. La falta de mediación lingüística y, por ende, de contacto con los locales ha favorecido la representación imprecisa de sus realidades en el ámbito periodístico de habla hispana. 

Por ello, insistió en la responsabilidad que tienen los periodistas externos a la comunidad de recurrir a traductores imparciales cuando buscan informar sobre y para la comunidad. También pidió a quienes leen o escuchan contenidos periodísticos sobre asuntos concernientes a pueblos originarios mantener una actitud crítica y estar atentos ante posibles sesgos partidistas.

Marcela de Jesús Natalia, activista y comunicadora ñomndaa, en la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y Universitarios. Foto: Susana Moncada.

La vida de Marcela ha estado marcada por distintos episodios de violencia y discriminación, vinculados con su condición de mujer indígena y su labor periodística. Cuando era tan solo una niña, cuestionó los matrimonios infantiles—una práctica arraigada en su comunidad—, después de que su prima fuera violentada por su esposo, con quien se casó por un arreglo. Años después, en 1994, inició su trayectoria en la radiodifusión desde su comunidad, pese a la resistencia de su entonces marido. Cuatro años más tarde, cuando ya se había consolidado como locutora, fue detenida arbitrariamente y encarcelada durante tres años y cinco días, acusada de intento de homicidio. Las autoridades habían fabricado pruebas que la vinculaban con un atentado ocurrido días antes en una región cercana. “Recibí dos sentencias de 40 años porque seguramente a alguien no le gustó que hable en un idioma originario”, relató.

A principios de junio de 2017, fue víctima de un atentado con arma de fuego en las inmediaciones de la radio donde trabajaba. Para entonces, su trayectoria como comunicadora y su interés por los asuntos políticos de su comunidad habían comenzado a generar descontento.  Desde entonces, vive en condiciones de desplazamiento forzado.

Escribir desde el territorio

Durante el conversatorio, moderado por Víctor Martínez Landez, integrante de la séptima generación de la Unidad de Investigaciones Periodísticas, Kau Sirenio y Marcela de Jesús Natalia abordaron la importancia de la lengua materna como espacio de intimidad, familiaridad y confianza. También hablaron sobre los desafíos que enfrentan quienes hacen periodismo desde sus propias comunidades.

“Para mí, escribir desde las comunidades es escribir desde el territorio, desde la memoria, desde la relación de los pueblos con su naturaleza”, declaró Kau, integrante de la nación Ñuu Savi, cuyo nombre significa “pueblo de la lluvia”. En esto radica, sostuvo, la importancia de hacer y transmitir el periodismo desde las lenguas originarias de estas comunidades y no únicamente traducirlo desde el español.

Kau Sirenio ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el periodismo local, con colaboraciones en medios como El Sur de Acapulco, La Jornada Guerrero, Pie de Página y Programa de las Américas. Es fundador del portal Tatyi Savi y autor del libro Jornaleros Migrantes; Explotación Transnacional. Su trabajo ha sido reconocido en certámenes como la Bienal Internacional de Radio y mediante apoyos como la beca de Cultural Survival.

El periodista también habló de la oralidad como una forma de registrar y preservar la memoria. A menudo, explicó, los ancianos son una fuente fundamental para entender la historia de estas comunidades, ya que no solo han sido testigos de todo lo acontecido en el territorio, sino que también han participado activamente en la construcción y preservación del legado cultural a través de la oralidad.

Esta forma de transmisión cobra especial relevancia en contextos donde la escritura en lenguas originarias enfrenta todavía diversos obstáculos. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), alrededor del 30% de la población indígena en Guerrero no sabe leer ni escribir en español. En el caso del Tuꞌun Savi, lengua del pueblo Ñuu Savi, los proyectos más formales de normalización de su sistema de escritura comenzaron apenas en la década de los ochenta. Sin embargo, la diversidad de sus variantes y el desplazamiento generalizado de la lengua en favor del español han dificultado la consolidación de propuestas de estandarización ortográfica. 

Marcela, por su parte, llevó la discusión a su propia experiencia como comunicadora bilingüe. Para la locutora y periodista, comunicar en su lengua materna tiene una dimensión emocional que no puede transmitirse en español. Hacer periodismo implica también considerar cómo las noticias y la manera de presentarlas pueden afectar a sus hermanas y hermanos ñomndaa, reflexionó.

“Si duele, que duela, pero que duela no tanto como se sintiera en español”

Asistentes al conversatorio escuchan atentos en la sala Francisco Monteverde. Foto: Susana Moncada.

Sin embargo, su relación con la lengua también está marcada por la discriminación que ha enfrentado a lo largo de su vida. Contó que, para prevenir que sus hijos vivieran experiencias similares, decidió no transmitirles la lengua ñomndaa. Lo hizo, dijo, “por amor”.

Al ser cuestionada sobre la creciente folklorización de los pueblos originarios –que convierte territorios, lenguas y expresiones culturales en productos de consumo turístico– Marcela invitó al público a acercarse a la diversidad cultural del país a partir de fuentes provenientes de las propias comunidades. Entre ellas, mencionó la plataforma de Kau y su propio perfil de Facebook para informarse de lo que sucede en estos pueblos. 

“Yo, en la mejor disposición, quiero llevar la voz ñomndaa hasta el último rincón de este país”, afirmó la periodista, quien apuesta por una estrategia de visibilización. 

La necesidad de que las voces de los pueblos originarios tengan mayor reconocimiento también interpela a las instituciones educativas. En este sentido, Kau reconoció que las universidades han tenido parte de responsabilidad histórica en la construcción de lógicas coloniales al intentar “objetivizar” fenómenos que no pueden ajustarse a un molde, como la identidad cultural. 

El periodista lamentó que las universidades locales tampoco ofrezcan a los jóvenes indígenas oportunidades para formarse como periodistas en su propia lengua.  

Señaló que las instituciones educativas deben comprometerse a dejar de replicar retratos paternalistas de los pueblos originarios e impulsar una estrategia académica que permita a los jóvenes de estas comunidades formarse como comunicadores en sus propias lenguas y en su propio territorio. 

*Este trabajo fue realizado sin fines de lucro para la Unidad de Investigaciones Periodísticas (UIP) de la Coordinación de Difusión Cultural UNAM, y publicado originalmente en la plataforma Corriente Alterna. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización previa de la UIP. La publicación original se puede consultar en corrientealterna.unam.mx

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