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Tarjeta roja tras las rejas del ICE

A pocas millas de NWDC, los aficionados celebran los goles, pero olvidan que el Grupo GEO, una empresa privada de prisiones se beneficia por la detención de inmigrantes irregulares bajo custodia del ICE. El 16 de junio, Juan Luis Flores Vallejo y otras personas iniciaron huelga de hambre exigiendo cese  a la segregación como castigo, demandan ser devuelto a la población general y en contra de las políticas carcelaria. 

Texto y fotografía: Kau Sirenio 

Los reflectores de los estadios en Seattle, Los Ángeles, Houston y Nueva York lanzan destellos que pretenden cegarnos. La narrativa oficial que la FIFA vende en este Mundial norteamericano como encuentro de la inclusión, la fiesta de las diásporas donde el balón borra las líneas fronterizas. 

En las tribunas, millones de aficionados portan con orgullo playeras tricolores, celebrando los nombres de héroes deportivos que, en muchos casos, son hijos de comunidades desplazadas. Pero fuera del perímetro de seguridad del estadio, la realidad no es un juego de noventa minutos; es una condena de tiempo indefinido.

Ahí donde se disputan los partidos, se levantan los muros grises de los centros de detención privados operados por el Grupo GEO para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Es ahí, en la penumbra del Centro de Detención del Noroeste de Tacoma o en las cárceles migratorias de Texas, donde se juega el verdadero destino de miles de paisanos mexicanos y de otras tantas geografías de nuestra América herida. 

Así lo ha documentado La Resistencia, una organización comunitaria de base que lucha junto a inmigrantes detenidos en el NWDC –Tacoma, Washington–, durante 12 años a documentando las experiencias de personas detenidas y explotadas por los guardias del Grupo GEO. 

A pocas millas de NWDC, los aficionados celebran los goles, pero olvidan que el Grupo GEO, una empresa privada de prisiones se beneficia por la detención de inmigrantes irregulares bajo custodia del ICE. El 16 de junio, Juan Luis Flores Vallejo y otras personas iniciaron huelga de hambre exigiendo cese  a la segregación como castigo, demandan ser devuelto a la población general y en contra de las políticas carcelaria. 

Mientras el mundo grita un gol, ellos guardan un silencio impuesto tras las rejas, incomunicados, esperando una orden de deportación. Como el caso del señor Flores Vallejo quien es amenazado constantemente por los guardias del grupo GEO cortándolo llamada telefónica con su familia y limitan acceso a dispositivos de comunicación. “El trato cruel e inhumano son las condiciones a las que están sometidos los inmigrantes detenidos dentro de la NWDC documentado por La Resistencia a más de una década por La Resistencia”. 

Hace unos días conversé por teléfono con Maru Mora una mujer que ha trabajado en la defensa de los migrantes y en contra de centro de detención de Tacoma, me dijo: “Cuando se apaga la pantalla, recordamos que para este país solo somos criminales encerrados. Los mismos que limpian los baños de esos estadios o preparan la comida de los turistas afuera, somos los que estamos aquí adentro metidos en una celda”.

Entre la conversación la activista expuso: “Hay una perversión sistemática en la forma en que el capital celebra la globalización. Las corporaciones y los gobiernos anfitriones se frotan las manos con las ganancias millonarias del turismo y los esquemas de patrocinio. Permiten el libre tránsito de mercancías, directivos con trajes caros y futbolistas de élite, pero militarizan las calles y perfeccionan la burocracia del encierro para los seres humanos que sostienen la economía desde los márgenes. La maquinaria de detención masiva no se detuvo por el torneo; simplemente se volvió más discreta para no arruinar las transmisiones a color de la televisión”.

Entre tanto centros detenciones ni una se escapa, ahí está el caso de Delaney Hall otra cárcel  administrado por el grupo GEO donde cientos de personas iniciaron una huelga de hambre para protestar por condiciones similares a las que se han documentado en la NWDC durante años. En 2025, La Resistencia documentó más de dos mil quejas de inmigrantes detenidos en la NWDC que incluían alimentos no comestibles, falta de acceso a agua potable, negligencia médica y represalias en forma de confinamiento solitario. 

Así las cosas, a pesar de que el fútbol nació en los barrios como un espacio comunal de resistencia y reciprocidad. Lo que ahora vemos en Norteamérica es el despojo de una identidad popular para convertirla en un espectáculo distractor. No podemos normalizar la algarabía en las gradas mientras miles de hombres, mujeres y niños permanecen privados de su libertad bajo condiciones de hacinamiento por el único delito de buscar la vida. 

El marcador final de este torneo ya está arreglado: ganan los de pantalón largo y los complejos carcelarios privados. Pierden, como siempre, los invisibles de la tierra. Si la Copa del Mundo no sirve para visibilizar el dolor de los que están encerrados al cruzar la calle del estadio, entonces el fútbol habrá cobrado la peor de sus derrotas.

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