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Jornaleras y jornaleros se van a los campos agrícolas de tres estados del norte

La mayoría llegó de las comunidades del municipio de Cochoapa el Grande y Metlatónoc desde las cuatro de la tarde del lunes.

Texto y Fotografía: Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan

Una niña jornalera con su huipil colorido y una gota de sudor en la frente mira a los lados, busca algo, como una esperanza, y vuelve a sus pensamientos. Con sus pequeñas manos toma una garrafa de cuatro o cinco litros que le llega a la cintura. Los costales de ropa, licuadoras y sus pertenencias estaban desparramadas en el piso. Sus padres se movían de un lado a otro comprando las últimas herramientas que ocupan en los campos agrícolas.

A mediodía de este lunes lunes 15 de junio, mas de 138 jornaleras y jornaleros; 39 niñas y 35 niños de 0 a 17 años, permanecían impacientes en el techado de la casa del jornalero en Tlapa. Les habían dicho que saldrían a las 12 del día rumbo a los campos agrícolas de Chihuahua, Zacatecas y San Luis Potosí.

La mayoría llegó de las comunidades del municipio de Cochoapa el Grande y Metlatónoc desde las cuatro de la tarde del lunes. Otros viajaron del municipio de Alcozauca y de las comunidades de Tlapa en la mañana este martes 16. Algunos se trasladaron durante seis horas y los más cercanos una hora.

Antonio llegó bajo el inclemente sol de primavera. Su esposa, sus dos hijas y su sobrino Zeferino le seguían. A las seis de la mañana salieron de Arroyo Prieto, municipio de Cochoapa el Grande, el más pobre de México. No hay trabajo en su comunidad por eso se van a la limpia de tomatillo en Chihuahua.

En cuanto llegaron a la casa del jornalero, Antonio fue a comprar dos azadones nuevos a 250 pesos porque en Chihuahua cuesta 130 pesos más. “Allá piensan que tenemos mucho dinero por eso todo está caro. Sólo una coca cola de 600 mililitros cuesta 35 pesos”. La comida es muy cara por eso prefieren ir a cortar leña e improvisar el fogón para hacer tortillas con la maseca que compran.

En el autobús no las dejan llevar tanques de gas. Lo único que llevan son licuadoras y varios enseres para la cocina. Lo más duro es el pasaje que les cuesta 2 mil pesos. Los primeros días en los campos agrícolas son para reponer lo que pidieron prestado. La hora la pagan a 40 pesos, sobre todo cuando se trata de deshierbar. En el corte de tomate les pagan a 6 pesos el bote.

Las extenuantes jornadas en los surcos desde las 6:00 de la mañana hasta las 18: 00, sin descanso ni condiciones digno en los campos agrícolas. En agosto empieza la cosecha de chile jalapeño, le sigue el tomate y en diciembre de can de nuevo con el chile.

Así ha sido la vida de Antonio en su andar en el corte de limón en Michoacán. El corte se hace con un gancho y una red. La caja se lo pagan a 30 pesos en la primera cosecha hay abundantes limones, pero al irse acabando se eleva el pago a 50, 60 o hasta 110 pesos.

La conversación terminó cuando le hizo el último nudo a uno de sus costales. Dos autobuses en mejores condiciones entraron al estacionamiento de la casa del jornalero. Cada familia seguía en lo suyo. Los que llevaban un poco de dinero compraban una nieve o un raspado. A 20 metros otra familia se encontraba bajo la sombra de unos árboles, estaban cerca de sus pertenenecias. Más adelante una señora cargaba en su espalda a su pequeña hija, al lado estaban dos petates y dos azadones para limpiar.

A la una de la tarde comenzó el frenesí para guardar sus costales, mochilas y herramientas de trabajo en las cajuelas del autobús. En el remolino que hacían los jornaleros, un niño tarareaba una canción. Las familias formaron una fila y uno por uno fueron abordando los autobuses. A las 2 de la tarde dieron salida para llegar en tres días a los campos agrícolas.

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