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Autoridades de cultura en Guerrero: el homenaje a Figueroa y la banalidad del mal

Foto tomado de las redes sociales

Las organizaciones que salen a respaldar a la funcionaria, tras este homenaje, quedan irrevocablemente marcadas. Sus declaraciones de apoyo pierden toda autoridad moral y confirman el señalamiento de que «no representan a nadie» más allá de la nómina o el interés político.

Por: Guillermo Álvarez Nicanor

La gestión de la Secretaría de Cultura de Guerrero, y las supuestas organizaciones que la respaldan, ha quedado expuesta a la luz de un acto que trasciende la incompetencia: la promoción y el homenaje al exgobernador Rubén Figueroa Figueroa. Este hecho no es un simple error de calendario o protocolo. Es una ofensa directa a la memoria histórica del estado y la prueba más contundente de la ignorancia profunda e inexcusable de la titular de esa dependencia y sus defensores.

El núcleo de la crítica reposa en el historial del personaje homenajeado. Rubén Figueroa Figueroa es una figura intrínsecamente ligada a los capítulos más oscuros de la guerra sucia en Guerrero.

La memoria colectiva, y los archivos de derechos humanos, lo señalan como un personaje inhumano responsable de desaparición forzada y asesinato.

Bajo su mandato, cientos de dirigentes y militantes de oposición fueron detenidos, torturados y desaparecidos o asesinados, en un patrón sistemático de represión política.

Un episodio de particular brutalidad, que subraya la naturaleza criminal del homenajeado, fue el abuso sexual, como lo dice la maestra Micaela Cabañas, contra la esposa de Lucio Cabañas, líder social y guerrillero. Este acto no sólo fue una violación atroz, sino una forma de terrorismo de Estado destinada a quebrar la moral de la disidencia.

El acto de rendir homenaje a un tirano de tal naturaleza, a un verdugo de la disidencia y la dignidad humana es, en el mejor de los casos, un signo de una ignorancia supina de la historia política y social de Guerrero. En el peor, es un acto de cinismo político que busca blanquear una figura criminal a expensas de las víctimas y sus familias.

La funcionaria y sus defensores NO representan a las víctimas. El sector cultural de Guerrero incluye a familiares, artistas y activistas cuya obra está dedicada a mantener viva la memoria de los desaparecidos. Al honrar al represor, la Secretaría y sus grupos de apoyo se colocan automáticamente en la acera opuesta de la comunidad cultural con conciencia ética e histórica.

Una secretaría de cultura tiene la obligación ética de ser una trinchera para la defensa de los derechos humanos y la memoria. Celebrar a Figueroa es un contrasentido que legitima la barbarie y traiciona a los creadores que han arriesgado su vida por la justicia.

Las organizaciones que salen a respaldar a la funcionaria, tras este homenaje, quedan irrevocablemente marcadas. Sus declaraciones de apoyo pierden toda autoridad moral y confirman el señalamiento de que «no representan a nadie» más allá de la nómina o el interés político.

Su supuesta defensa de la gestión no es más que una fachada hueca, incapaz de reconocer la gravedad histórica del agraviante homenaje. La incapacidad de estos grupos para condenar el acto, así como su distanciamiento del recuerdo de la guerra sucia exhiben que su conocimiento de Guerrero se limita a la superficialidad del presente oficial, y no a las raíces de resistencia, dolor y dignidad que definen la verdadera cultura guerrerense.

La defensa de la funcionaria se convierte en una complicidad con el olvido. Una secretaria de cultura que celebra la memoria de un genocida político se autodescalifica para gobernar la cultura, y muestra su total desconexión, ignorancia histórica y peligrosa falta de sensibilidad y ética.

El homenaje a Rubén Figueroa Figueroa es la prueba irrefutable de que la actual gestión opera fuera de la historia, la ética y la representación genuina del pueblo de Guerrero.

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