
Ambos gobiernos no escatimaron recursos para amurallar el zócalo capitalino. Entre barricadas con grúas, muros de concreto, vallas metálicas y miles de policía, se parapetaron atrás de la muralla para disparar en contra de los profesores.
Texto y fotografías: Kau Sirenio
Profesores y periodistas fueron víctimas de la violenta agresión policiaca en el zócalo de la Ciudad de México cuando intentaron instalar un plantón para exigir la abrogación de la ley del ISSTE de 2007.
El lunes 1 de junio, trabajadores de la educación del país salieron a la calle como inicio de la huelga nacional que habían anunciado; sin embargo, la policía de la Secretaría de Seguridad Publica (SSP) del gobierno de la Ciudad de México los recibió con petardos, cohetones, cohetes de humo y balas de goma.
Los profesores iniciaron un paro nacional indefinido para exigir una mesa de diálogo directa con la presidenta Claudia Sheinbaum, la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y cambios en el sistema de pensiones.
La protesta de los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) empezó con una marcha que partió del Ángel de la Independencia, sobre el paseo de antimonumentos de la memoria de un México herido, masacrado y de desaparecidos. Las consignas del magisterio disidente retumbaron entre los rascacielos de Reforma.
Sobre la avenida Juárez y el Eje Central Lázaro Cardenas, advirtieron: «Cuidado, cuidado con Guerrero, estado, estado guerrillero». La marcha la encabezó el contingente de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación Guerrero (CETEG).

Como siempre en sus movilizaciones, en la avanzada va una comisión de seguridad. Son los que siempre hacen frente a las barricadas de los antimotines. Pero en esta marcha, los aguerridos maestros de la montaña evitaron la confrontación. Así caminaron hasta doblar en José María Izazaga, para luego tomar 20 de Noviembre rumbo al zócalo capitalino.
Ahí van. Se sabe que son maestros ñuu savis, nahuas, mè’phààs y nancue ñomndaas por el idioma que hablan. Son los maestros que caminan en las faldas de la montaña de Guerrero, los que viven bajo fuego del crimen organizado que el gobierno de Guerrero no quiere contener. Ahora, llegaron a la capital del país para volver a gritar que ahí están con la misma demanda: ser escuchados.
A la altura de la Alameda Central, saludo al poeta y escritor acapulqueño Ángel Carlos Sánchez, con quien platicamos a lo largo de todo el recorrido. Él, como siempre, quiere ponerse al tanto de lo que podría pasar en el zócalo. «¿Crees que el gobierno sea capaz de responder con violencia?», me pregunta.
«Son capaces de eso y mucho más. Los gobiernos federal y local, lo único que desean es quedar bien con la FIFA», le digo.
Y así fue. Ambos gobiernos no escatimaron recursos para amurallar el zócalo capitalino. Entre barricadas con grúas, muros de concreto, vallas metálicas y miles de policía, se parapetaron atrás de la muralla para disparar en contra de los profesores.
El plan que no se concretó
El objetivo era tomar el primer cuadro de la ciudad. El gobierno de Claudia Sheinbaum y el deClara Brugada tenían su propio plan: agredir a los manifestantes antes de dialogar; después vino la desinformación de la SSP-CDMX.
Una vez que los profesores llegaron la esquina de 20 de Noviembre y Venustiano Carranza, la comisión de seguridad se aproximó a la muralla metálica para intentar derribarla e ingresar a la plancha del zócalo. La valla empezó a ceder a los empujones y jaloneos. Todo indicaba que los profesores lograrían su primera victoria, pero vinieron los disparos de cohetones desde el zócalo.
Entre el caos, una maestra de la CETEG, arenga: «¡Unidad! ¡Unidad! Unidad»… Mientras que maestras y maestros se repliegan. Pero otro grupo de profesores y reporteros permanecieron ahí. En cuestión de minutos, todos se separaron, unos quedaron del lado oriente y otros al poniente.
Desde una columna del templo de San Bernardo de Clavaral donde me refugié, empecé a transmitir en vivo a través de redes sociales, cómo salían los disparos hacia los maestros y reporteros. Enseguida, cayó una lluvia de petardos y bombas de humo que saturaron de humo el lugar.
La humareda de uno de los petardos que cayó a dos metros de mi resguardo me impedía la visibilidad total. El camarógrafo y el reportero de el canal Plural, de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), apenas lograron saltar de ahí cuando explotó el artefacto. Aún no se disipaba el humo, cuando empezaron a llover balas de goma. Una pegó contra la pared del templo y rebotó hacia un profesor que se encontraba a un lado.
Sobre 20 de Noviembre, a treinta metros del muro, yace en el piso el profesor guerrerense Proceso González Columbo, ensangrentado: una bala de goma lo alcanzó. Entre la confusión, sus compañeros maestros se lo llevaron. En cuestión de segundos, otra bala de goma alcanza al profesor Octavio Guerrero Jerónimo, también de Guerrero.
No fueron uno ni dos los disparos. De menos, cayeron entre cincuenta y sesenta petardos en el templo de San Bernardo. De otros lados, no se sabe con exactitud cuántos fueron. Se puede asegurar es que este 1 de junio se vivió un escenario de batalla donde el gobierno de la Ciudad de México agredió a una marcha pacifica.
Desde ese ángulo se observa como un profesor con una chalina en la cabeza lanza unos cohetes hacía la policía. Es un acto de desesperación, comparado con los disparos de petardos que vienen del lado de los uniformados.
La agresión hacia los profesores dura unos minutos. Pero los uniformados reanudan los disparos con gas lacrimógeno, a lo que los reporteros empezaron a jugar como en el futbol, el «segundo tiempo a ver quien gana», a decir de una reportera.
Lo cierto es que los gobiernos federal y de la Ciudad de México ganaron el partido, pero con juego sucio, usando policías y artefactos en contra del movimiento magisterial; después, con desinformación en las redes sociodigitales, acusando a la CNTE de haber agredido a los policías.
En ese segundo tiempo vino la invitación para la conferencia de prensa. Reporteras y reporteros llegaron a la zona donde se encontraban los secretarios seccionales de la CNTE. La representante de la CETEG Elvira Veleces Morales aún no terminaba de hablar cuando llovieron de nuevo las bombas de humo.
Ahí fui alcanzado por un artefacto. Ante la desesperación de las maestros, al intentar correr, caimos; eso provocó que se quemara mi playera.
La arremetida del gobierno logró su cometido de que el campamento magisterial no se instalara en corazón político del país, aunque sí quedó en el primer cuadro, en la avenida 20 de Noviembre.










