
Exposición en el MACCO muestra por qué los pueblos originarios deben custodiar su herencia cultural
Escribe: Ita del Cielo
Tlaxiaco, Oaxaca | 19 de marzo de 2026.- Durante casi medio siglo, un cráneo Ñuu savi decorado con turquesa cautivó a miles de visitantes desde su vitrina iluminada en la sala de “América prehispánica” en un museo europeo. En diciembre de 2024, el gobierno de Holanda lo devolvió diplomáticamente a la Embajada de México en Ámsterdam. Pese a la relevancia de la devolución, no hubo gran eco en México, mucho menos se supo que detrás de esta histórica repatriación hay una trama de colaboración entre activistas del Pueblo de la Lluvia y un artista visual que se define como “emprendedor anticapitalista”, para quienes no sólo se trataba de la pieza RV-40007-1 del catálogo del Museo de Etnología de Leiden, sino representa la posibilidad de devolverle la dignidad a un ancestro arrancado de su tierra.
La odisea para traer el ancestro de vuelta a casa a través de gestiones, oficios, epístolas y documentación de activistas del Pueblo de la Lluvia y el artista visual Daniel Aguilar Ruvalcaba, se relata en la exhibición Correspondencia expuesta ¿Dónde andarás, calaverita? Correspondencia y evidencias de trabajo del colectivo Nchivi Ñuu Savi, Museo Comunitario Yucu Saa y Taller de Arqueología Comunitaria y una respuesta pendiente del INAH.
La muestra, que se inaugura este 20 de marzo y se exhibirá hasta el 20 de junio en el Museo de Arte Contemporáneo y Culturas de Oaxaca, evidencia la necesidad de transformar el funcionamiento de las instituciones culturales para que dejen de ser espacios que privilegian la visión del vencedor, del colonizador y, sobre todo, el derecho de los pueblos originarios a ejercer una soberanía sobre su herencia cultural, sobre los restos de sus propios ancestros, más allá de las promesas oficiales de los estados-nación.
Neo-antigüedad “mixteca”
En 2020, el artista visual guanajuatense Daniel Aguilar Ruvalcaba se topó con la polémica historia del cráneo. Los especialistas y el museo de Leiden sostuvieron durante años que el cráneo y sus mosaicos de turquesa pertenecían al período Postclásico comprendido entre los años 1300 y 1500 d.C y que era parte de la cultura “Mixteca”. La pieza había sido adquirida en 1963 por 75 mil florines (unos 34 mil euros en ese entonces) al galerista Robert L Stolper.
Los huesos y las turquesas eran precoloniales, pero el pegamento que los unía, una goma, era del siglo XX. El arqueólogo holandés Martin Berger, aseguró que “se trata de un varón, de mediana edad y dieta mesoamericana”, otros especialistas comenzaron a definirlo como una “composición moderna con materiales antiguos”, una “neo-antigüedad”.
Lo que provocó un debate público en la prensa cultural holandesa sobre la autenticidad de esa pieza. Pero más allá de pensar que nos devolvieron una falsificación, la pregunta obvia es ¿Cómo llegó a Holanda? ¿Cómo fue que los restos de una persona del pueblo de la lluvia fueron arrancados de su contexto y terminaron en una vitrina de Europa? La respuesta sería la historia de un saqueo, digna de otra nota.
En su nacimiento en Europa, los grandes museos nacionales habrían sido una vitrina del botín de guerra de sus travesías imperiales, alcanzando su esplendor en el siglo XIX. Es recientemente cuando los museos europeos comienzan a devolver restos óseos a las comunidades de origen respondiendo principalmente al activismo de los pueblos y a una revisión ética sobre el legado del coleccionismo que preserva las huellas del saqueo.
Estado criollo
Según intercambio epistolar con la agregaduría cultural, la Embajada de México en Países Bajos se enteró de la existencia del cráneo y del incipiente proyecto en abril del 2023 gracias a un artículo en el diario Trouw. Lejos de contactar a los colectivos que ya trabajaban en el terreno, la embajada inició por su cuenta, los trámites para una solicitud de repatriación formal entre estados.
La diplomacia oficial, se adelantó, presentando un documento impersonal que, a su juicio, ignoró por completo la dimensión ética y comunitaria que ellos llevaban años cultivando. Para los activistas esto fue un acto de “extracción” por parte del estado mexicano. En pocas palabras la Embajada desconoció su trabajo y les dio “madruguete”, práctica muy común desde las instituciones.
Pese a las buenas intenciones, la actitud de la cancillería contradice el espíritu de la reciente reforma al artículo 2 de la Constitución, donde se reconoce a los pueblos indígenas y afromexicanos como “sujetos colectivos de derecho público”, lo que en teoría, facilitaría que comunidades regidas por sistemas de cargos y asambleas puedan tener autonomía en la gestión de su herencia cultural. Mientras no existan leyes secundarias concretas, la gestión de la cultura material sigue encadenada a la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1970, normativa de años indigenistas que establece que cualquier vestigio prehispánico es “propiedad inalienable de la nación”, las comunidades quedan como espectadoras de su pasado.
“La idea de que los bienes arqueológicos son patrimonio y propiedad federal es un discurso reproducido hasta la náusea por el Estado criollo”, escribe Aguilar Ruvalcaba, en una carta abierta que será parte de la exposición. Se pregunta por qué una comunidad que reconoce a ese ser como su ancestro no puede decidir, incluso, enterrarlo y dejarlo descansar, en lugar de someterlo a perpetuidad a la lógica museística del Instituto de Antropología. A su parecer, “aún tenemos bastante trabajo con el colonialismo interno […] no habría que temerle a que el Museo Nacional de Antropología e Historia quede casi vacío. Tiene que llegar el día en que la cultura material, restos humanos y demás ancestros regresen a sus lugares de origen y sean custodiados y valorados autónomamente por sus legítimos herederos culturales”.
Como una referencia exitosa para los pueblos originarios, en 2018 en Chile, los Rapa Nui lograron el retorno de dos cráneos ancestrales desde Nueva Zelanda, ésta fue la primera repatriación internacional de cuerpos humanos gestionada directamente por la comunidad Rapa Nui, sin pasar por el gobierno chileno.
Rematriación como reparación física y espiritual
Si bien los adornos del cráneo recuperado son una invención contemporánea, el hueso humano y la mandíbula inferior proceden legítimamente de una tumba antigua en México, que por momentos evoca el cráneo emblemático de la Tumba 7 de Monte Albán descubierta por Alfonso Caso en 1932. Con esa inspiración, esa “antigüedad-moderna” se convirtió en el eje de un proyecto artístico y comunitario de Aguilar Ruvalcaba.
En el camino se fue encontrando con compañeros del colectivo Nchivi Ñuu Savi, Izaira López Sánchez y Omar Aguilar, quienes han venido trabajando los elementos para hipotética repatriación del Códice Yuta Tnoho que se encuentra en Austria. Así fue como realizaron una serie de talleres en el Museo Comunitario Ñuu Kuiñi en Santa María Cuquila, donde un niño llamó al cráneo “Benito Constructor”, humanizándolo más allá de la pieza de catálogo.
Aquí entra en acción Raúl López Nicolás curador del Museo Comunitario Yucu Saa, junto con quien realizaron una serie de trabajos en Villa de Tututepec para “colectivizar el deseo de retorno”. Consultar a las comunidades originarias si reconocían a ese ser como suyo y, de ser así, imaginar cómo deseaban recibirlo. En los talleres, se llegó a pensar que era mejor enterrarlo ceremoniosamente después de recibirlo con alegría y fiesta. Con el respaldo de su asamblea y más de 1020 firmas, el Museo solicitó formalmente al INAH que el cráneo fuera alojado y resguardado en su comunidad. Después de unos meses de silencio, la respuesta llegó a través de una llamada telefónica, les dijeron hay que hacer estudios, y luego habría que verificar si el museo cumple con los “estándares internacionales de seguridad y climatización”.
Cuando se habla de recuperar bienes culturales como «patrimonio de la nación», se aplica una lógica de propiedad estatal, lo que a menudo significa que un objeto robado de una comunidad pasará de una bodega europea a un almacén del INAH en la Ciudad de México. La rematriación, en cambio, centra su foco en quién reconoce ese objeto como parte de su propia historia. Para los pueblos originarios, el regreso de un cráneo o un objeto sagrado puede llegar a ser un acto de reparación porque al final un resto humano, más que un patrimonio, es una persona.
“Se trata de un tema particularmente sensible y complejo –explica Izaira López Sánchez, en su artículo ¿A quién pertenece el pasado?– ya que estos restos representan no solo un despojo físico, sino también espiritual. Restos que fueron desenterrados y tomados en nombre de la ciencia fueron manipulados, estudiados e incluso exhibidos sin ética ni respeto alguno”,
A pesar de que el ancestro Ñuu Savi ya no está en Leiden, su viaje de regreso aún no termina. A más de un año de que el gobierno mexicano lo recibiera, lo más probable es que se encuentre perdido en los laberintos burocráticos del INAH. Quizá sea una más “de entre las 13 mil piezas repatriadas en los últimos 4 años”, como señala Arturo Méndez German, de atención a medios del INAH, quien hasta el momento de esta publicación, ni siquiera él sabía en qué área de la institución se encuentra el ancestro reclamado.
Publicado originalmente en OaxacaMedia. Aquí puedes leer el texto original https://oaxaca.media/2026/03/el-viaje-de-retorno-de-un-ancestro-del-nuu-savi/








