
En el Día Internacional de la Lengua Materna presentamos este perfil de Don Cipriano Ramírez Guzmán, quien compartió sus conocimientos sobre su lengua materna xhuani o ixcateco, que está en un proceso muy avanzado de extinción, el texto se debe en gran parte al lingüista Michael Swanton, con quien construyó una amistad a lo largo de 26 años
Texto: Rocío Flores / Periodista binnizá
Fotografía: Juan Carlos Reyes
Cipriano Ramírez Guzmán era campesino. Tenía sus milpas, además su ganado. Era un hombre trabajador, andaba horas bajo el sol o bajo la lluvia, el frío o en el monte para cuidar su ganado. También cumplía con sus obligaciones y cargos en la comunidad.
Cuando el lingüista Michael Swanton lo conoció por primera vez en el verano de 1999, era parte del Comité de Agua de su pueblo, Santa María Ixcatlán, ubicado en los límites de la Cañada y la Mixteca. Ahí vivió toda su vida y a pesar de su avanzada edad, se ocupó de sembrar en los niños y adolescentes la inquietud de aprender el ixcateco. Cipriano les daba clases junto a Pedro Salazar y Gregorio Hernández, apoyados por dos profesoras de la comunidad.
También era músico. Cantaba en las noches cuando no había luz. Tocaba acordeón y algo del órgano como entretenimiento, a veces lo hacía por las calles con antorchas de palma.Venía de una familia de músicos, su antepasado era el maestro instrumentista y compositor Anselmo de Ixcatlán, muy conocido en la región, al parecer todavía existen algunas de sus composiciones.
Michael Swanton convivió con Cipriano más de dos décadas. Destaca de él dos cualidades sobresalientes: Poseía lo que los franceses llaman savoir-vivre ( saber vivir). Era alguien que siempre se tomaba el tiempo para escuchar a los demás. Tenía mucha paciencia, sabía hacer las preguntas necesarias o sacar las explicaciones. Siempre hablaba con la gente con respeto.
En 26 años que le conocí no recuerdo que se haya enojado con alguien. Quizá su familia y vecinos tienen otras experiencias.
Tenía una segunda cualidad: la manera de reflexionar. Era una persona pensante, muy cuidadosa en sus ideas. Tenía mucho conocimiento de su pueblo y de la lengua. Reflexionaba, nunca sacaba la respuesta rápida. Era generoso. Daba clases con o sin apoyo económico.
“Esas cualidades son un ejemplo que podemos usar hoy, cuando la gente provoca o insulta para llamar la atención o no quiere escuchar, sino explicar”, comenta.
Don Cipriano se fue convirtiendo en el interlocutor principal entre investigadores, instancias de gobierno. Participaba activamente. Era el hablante más conocido. “Hasta apareció en la mañanera de AMLO”
El investigador recuerda siempre que le gustaba trabajar con él y don Pedro: Cuando estaban juntos se acordaban de cosas, como eso de correr a gallo, por ejemplo, o del maestro Anselmo o las cosas del pasado. Tuvieron poco contacto con la escuela pero muy conocedores, sabían de los tonos, las formas de nombrar las cosas, de las costumbres”.
Cuando el lingüista habla de su colaborador y amigo, deja claro que cuando se documenta una lengua, incluso una como el ixcateco, en realidad es el conocimiento de las personas, de su cultura, de la vida comunitaria que se desarrolló en esa región, no solo es la lengua.
Su familia más cercana era su esposa Patrocinia, su hija Rosalía, su nieta Esmeralda, su cuñado Pedro Salazar. Con él presentó en 2019 el libro Las fábulas de Esopo en ixcateco, una iniciativa del artista Francisco Toledo, donde participaron en la traducción e interpretación. Don Pedro murió en enero de 2023.
Cipriano Ramírez continuó trabajando con su nieta Esmeralda Ramírez Salazar y el investigador del INAH, Rafael Alarcón Montero, en una herramienta para la escritura y difusión del ixcateco.
Ese año se editó Kanákóó ndéde kì’í jngu chajmi, Todo lo que compone a una persona o Las partes del cuerpo humano en xjuani (ixcateco). En el libro aparece don Cipriano como coautor. Es un legado para el pueblo.
La última vez que Swanton vio a Cipriano fue en noviembre. Murió el 9 de enero de 2026.
La gente del pueblo lo acompañó en su sepelio, sonó la música de la banda. También los investigadores Rafael Alarcón, Celina Ángel Landa y Michael Swanton fueron a despedirse de él. “Esas son las cosas bonitas de las comunidades, uno sabe que se va a repicar la campana, se va a escuchar unas palabras en la iglesia. Habrá gente que acuda a la casa para acompañar a la familia. Esas tradiciones siguen”, dice Michael Swanton.
Después de su muerte, sólo hay una hablante (fuido) Patrocinia. Rufina y otras personas también hablan y tienen mucho conocimiento, pero por su avanzada edad, algunos están en los 90 años, su comunicación es limitada.
Hay también algunas personas que los lingüistas llaman bilingües receptivos, es decir, que no hablan la lengua, pero entienden. El investigador dice que ahí está el reto para el futuro de la universidad lingüística en México, ver cómo se puede activar este conocimiento. Que no sea un conocimiento pasivo sino activo y no solo para ixcateco, sino para muchas otras lenguas.










