
El 4 de enero de este año, los asambleístas electores de Ñuu Ndíko Yùu la eligieron para ser comisaria de 2026-2027. Antes de esta fecha, Ponce Ramos fue partera, coordinadora y consejera de la Coordinadora Regional de Autoridad Comunitaria (CRAC).
Texto: Kau Sirenio
Fotografía: Cortesía de Ángela Nava
Asunción Ponce Ramos se convirtió en la segunda mujer ñuu savi que asume el cargo de comisaria constitucional en la comunidad Ñuu Savi de Ñuu Ndíko Yùu (Cuanacaxtitlán), Guerrero. Su nombramiento visibiliza a las mujeres indígenas en la región.
Ñuu Ndíko Yùu mantiene la tradición de inclusión en la administración comunitaria: dos mujeres han sido electas en la asamblea para ser titulares de la comisaría, y otras tres han ocupado la suplencia. Además, en esta comunidad, las mujeres rompieron con el matrimonio forzado al principio de 1960.
La primera comisaria electa fue la profesora Gloria Aldama Morales, mientras que las suplentes son Elsa Adama Garzón, Hildeberta Salinas Ricardo y Eugenia Francisco Rufino.
Asunción Ponce viene de una larga lucha en la defensa de los derechos de las mujeres en su municipio, lo que la convierte en una luchadora social, con profundo conocimiento sobre las problemáticas que enfrentan las mujeres en la Costa-Montaña de Guerrero.
El 4 de enero de este año, los asambleístas electores de Ñuu Ndíko Yùu la eligieron para ser comisaria de 2026-2027. Antes de esta fecha, Ponce Ramos fue partera, coordinadora y consejera de la Coordinadora Regional de Autoridad Comunitaria (CRAC).
De 2022 a 2025 fue comisaria de bienes ejidales; y al final de ese trienio recibió de manos de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, el certificado de apoyo del Programa Nacional de Fertilizantes para el Bienestar.

La nueva comisaria fue condecorada con la presea «Gila Solís», alto reconocimiento que otorga el ayuntamiento de San Luis Acatlán desde 2009 con el fin de reconocer a las mujeres que han participado en la lucha por los derechos humanos y por la democracia en el municipio. En 2025, recibió el Premio Nacional a la Promoción de los Derechos de las Mujeres Indígenas «Martha Sánchez Néstor» que otorga el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, en el Palacio de Bellas artes.
En la asamblea de 8 de marzo de 2010, consejeros y consejeras de la CRAC reunidos en Colombia de Guadalupe, montaña alta de Guerrero, la eligieron para coordinadora, y por primera vez en la historia de la institución comunitaria una mujer obtuvo mayoría de votos para ocupar uno de los cargos de mayor importancia en la en estructura de justicia indígena. En esa ocasión, algunos hombres cuestionaron su nombramiento, con el argumento de que ella no había sido comisaria, que es un requisito indispensable para acceder a tan alto cargo en la región comunitaria. Pero fue evidente que se le cuestionó por ser mujer.
En la asamblea, los vecinos de Cuanacaxtitlán decidieron poner fin a la exclusión de la mujer en la vida comunitaria. Por mayoría de votos ratificaron el nombramiento en la reunión de Colombia de Guadalupe.
Antes de que fuera coordinadora de la CRAC, Asunción Ponce Ramos era partera y acompañaba a las mujeres que tenían complicaciones de parto. En su andar en los pasillos de los hospitales de Ometepec y Acapulco, solo llevaba consigo un reloj de pulso que la sacaba de apuros cuando se quedaba sin dinero para regresar a su comunidad.
Nacida en 1950 en la comunidad Ñuu Savi de Cuanacaxtitlán, municipio de San Luis Acatlán –entre la Costa Chica y La Montaña–, su lengua materna le permitía acercarse a las mujeres, en sus propios contextos comunitarios, donde constata la necesidad de buscar estrategias para disminuir los casos de muerte materna. Por eso acompañaba a las mujeres en momento difíciles.
Cuando se insertó en la promoción de los derechos de las mujeres, llegó a cambiar su reloj de pulso y sus aretes, para conseguir en las farmacias medicinas fiadas que requerían las mujeres parturientas internadas en hospitales de San Luis Acatlán, Acapulco e, incluso, de Ciudad de México.
No había día que no saliera sin su cuaderno percudido donde tenía anotados los números telefónicos de los directores de los diversos hospitales y de las líderes de las organizaciones feministas de Guerrero, a quienes llamaba cuando tenía complicaciones en su gestión.
A los 30 años, empezó como promotora de salud voluntaria en su comunidad; ahí aprendió los primeros pasos de la medicina con el fin de ayudar a sus paisanas. Incursionó en el campo de la medicina alternativa sin dejar de lado a las embarazadas, que por falta de dinero no podían acudir al hospital para dar a luz. Fue esa necesidad la que la llevó a participar en distintos talleres para parteras.
El primer parto que atendió fue el de una mujer que no tenía para ir al hospital básico comunitario de San Luis Acatlán. «En esa ocasión, estaba en mi casa, cuando llegó un señor muy angustiado para pedir que atendiera a su esposa; lo acompañé y le ayudé al parto, teniendo como instrumentos unas gasas y una tijera», recuerda.
De los hospitales saltó a los foros sobre muerte materna en Guerrero, cuando San Luis Acatlán se ubicó en primer lugar en muerte materna en 2005. Fue así como conoció a mujeres activistas del mundo, con quienes tejió relaciones y pasó a ser parte de la organización de mujeres Kinal Antzetik, que fundó la feminista Nelly Palomo.
«Aprendí a defenderme como mujer, porque como mujer y como indígena, siempre hemos estado relegadas. Primero como indígena; luego como mujer, por el simple hecho de ser pobre», dice en entrevista la nueva comisaria.
Y agrega: «Estoy segura que esto me dio la pauta para reflexionar sobre la violencia contra las mujeres, tanto en el entorno familiar como en el institucional; decidí enfrentar el grave problema que vive mi municipio, al ocupar en el 2005 el primer lugar a nivel nacional en muertes maternas».
La vida de la activista está cargada de violencia intrafamiliar. «Me casé porque tuve miedo a las críticas hacia mi papá, quien en ese tiempo era un líder en la comunidad. Cuando me pidieron la mano, él era secretario de la comisaría, pero también ya había sido comisario, por eso no me quedó de otra que decir que sí. Si hoy me volvieran a pedir que me case, estoy segura que les diría que no; ahora ya hemos caminado en la lucha por los derechos de las mujeres».
En la conversación con Tatyi Savi, recuerda lo que veía en su casa cuando su papá fue comisario. «Me tocó ver cómo llegaban las mujeres golpeadas a mi casa; unas brutalmente golpeadas, otras sin ropa, echadas de la casa como cualquier objeto. Eso fue lo que me hizo rechazar en reiteradas ocasiones el matrimonio, lo cual terminé aceptando», reconoce.
En su juventud, en Cuanacaxtitlán sólo se estudiaba hasta tercer grado de primaria, pero ella logró estudiar hasta quinto grado. A pesar de que no tuvo la oportunidad de cursar la universidad, habla con total soltura sobre política, así como de algunas enfermedades, del proceso de gestación y de la defensa de los derechos humanos.
Las angustias y el rechazo en los hospitales fueron continuas. «Me ha tocado enfrentar la insensibilidad de los directores de los hospitales de Ometepec y Acapulco… si te ven sola o mal vestida, te rechazan porque no tienen para pagar medicamentos o para pagar a los donadores de sangre», señala.
En su andar, conoció el maltrato de funcionarios del hospital de Ometepec, cuando el personal de ese nosocomio se negó a recibir a una mujer que iba con la complicación de parto.
«Las mujeres se mueren porque la atención en el hospital no es la adecuada, ni pertinente; si nosotras no alzamos la voz, la política pública no cambiará; se tiene que trabajar en el diseño de una nueva estrategia para el control prenatal, además de sensibilizar a los médicos para que brinden un trato de respeto a todas y a cada una de las mujeres», insiste.
A la toma de protesta de Asunción Ponce Ramos y Marcelino Díaz Barragán como comisaria y comisario constitucional, acudió el titular de la Secretaría para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas y Afromexicanos (Sedepia), Abel Bruno Arriaga.
Los comisarios salientes, Abel Nepomuceno Cabrera, Siciliano Camilo Barragán, e integrantes del Concejo de señores principales, además de los vecinos de la comunidad, acudieron a la entrada de Ñuu Ndíko Yùu / Cuanacaxtitlán a recibir a sus autoridades comunitarias.








