
Durante el periodo de contrainsurgencia (1964-1982), el Ejército mexicano diseñó e instrumentó tres operaciones: Rastrillo, Amistad y Telaraña, con los que «pueblos enteros fueron desplazados, arrasados y quemados; todo con la complacencia del gobernador Rubén Figueroa Figueroa que acuñó la fatídica advertencia: «Encierro, destierro o entierro».
Escribe: Kau Sirenio
Ilustración: Luis Vargas Santa Cruz
Este 2 de diciembre se cumplen 51 años del asesinato del profesor y comandante revolucionario Lucio Cabañas Barrientos en El Otatal, Guerrero, a manos del Ejército mexicano. Después del artero asesinato del maestro rural, el Estado mexicano impulsó una campaña genocida en contra de la población civil que incluyó asesinatos políticos, desapariciones forzadas y presos políticos.
La caída del profesor normalista fue un duro golpe para la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa. Y no es para menos. Lucio se forjó en la lucha estudiantil de Ayotzinapa, «Cuna de la conciencia Social» Por ello, a partir de esa fecha, la escuela fue infiltrada por elementos del Ejército y la policía de Guerrero.
Lucio cayó en combate en El Otatal, municipio de Tecpán de Galeana, porque la fuerza de la Brigada de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres era inferior a la de las fuerzas armadas del Estado. Estaba acorralado y no se rindió a pesar del operativo militar para asesinarlo.
Sin embargo, su muerte no fue en vano, porque la sangre derramada en la sierra de Guerrero devino semilla que germinó en la conciencia colectiva para acabar con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), institución partidista que reprimió a la población civil durante más de 70 años.
Detrás de esta persecución política estuvo el entonces gobernador de Guerrero, el más sanguinario en la historia de la entidad, Rubén Figueroa Figueroa, quien acuñó una frase aterradora con la que amenazaba a sus opositores: «Encierro, destierro o entierro», a la par de otra igual de escalofriante: «Plata o plomo».
De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el despliegue de las 27 y 35 zonas militares en los poblados de Campo Amor, Santo Domingo (municipio de Atoyac de Álavrez) y Puerto Gallo (municipio de Tlacotepec), en contra de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez fue catalogado como de exterminio.
Durante la guerra de contrainsurgencia en Guerrero, «pueblos enteros fueron desplazados y arrasados por el Ejército mexicano», señaló la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), al concluir la investigación sobre las graves violaciones a los derechos humanos en México.
Además de las violaciones graves a los derechos humanos cometidos durante la campaña militar para contener el ascenso de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) y el Partido de los Pobres (PDLP), la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) puso en marcha tres operaciones: Rastrillo, Amistad y Telaraña.
Estos despliegues militares incluyeron a las comunidades indígenas de la montaña de Guerrero, donde estaba la base de apoyo de Genaro Vázquez Rojas.
«Nosotros como pueblo de Tlaxcalixtlahuaca sí estamos sentidos con lo que nos hizo el gobierno. Estamos muy sentidos. Lo que sufrieron mis abuelos, mis tíos, mis primos. Ya se nos adelantaron la mayor parte de esa gente que sufrió, pero estamos nosotros. Queremos que se nos atienda, que se nos escuche y que se repare el daño», reprochó Onésimo Sánchez Rentería, de la comunidad de Tlacalixtlahuaca, Guerrero, durante los «Diálogos por la Verdad», en Chilpancingo, el 12 de diciembre de 2023.
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Lucio Cabañas nació el 15 de diciembre de 1936, su madre fue Rafaela Barrientos y su padre Cesáreo Cabañas Iturio. Estudió la primaria en El Cayaco, municipio de Coyuca de Benítez, mientras que la secundaria y el bachillerato en la escuela Normal Rural de Ayotzinapa.
Durante el movimiento universitario por la autonomía de la Universidad Autónoma de Guerrero (antes Colegio del Estado), Lucio consultó a la base estudiantil con el fin de saber si había condiciones para apoyar a los universitarios. Los normalistas determinaron que Ayotzinapa se incorporara a la protesta, que a la postre derrocó a Raúl Caballero Aburto de la gubernatura.
En 1961, Cabañas Barrientos fue electo secretario general de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), organización que aglutina a las normales rurales del país. Lucio dejó sus estudios por un año para resolver el conflicto interno de la FECSM, una de estas normales fue El Mexe, Hidalgo. (¿Qué con esta normal?)
Al egresar de Ayotzinapa, organizó a los ejidatarios de la comunidad de Mexcaltepec, municipio de Atoyac, para detener la tala inmoderada en la sierra por parte de la empresa Silvicultura Industrial S. de R. L., de ahí surgiría la frase célebre de «Ser pueblo, hacer pueblo y estar con el pueblo».
En su libro Lucio Cabañas / el guerrillero sin esperanza, Luis Suárez cita: «…había maestros del pueblo que estamos dispuestos a orientar, no sólo en la educación, sino en su lucha como partes del pueblo; padres de familia, partes del pueblo contra todo el régimen, contra el gobierno, contra la clase rica».
El autor advierte que en 1965, por el activismo político de Lucio, el gobernador Raymundo Abarca Alarcón lo transfirió a la escuela rural de Tuitán, Durango, junto con Serafín Núñez. Pero las protestas de maestros del MRM en Guerrero obligaron a Abarca Alarcón a gestionar ante el entonces secretario de Educación Pública, Agustín Yáñez, el regreso de Cabañas a su centro de trabajo, la escuela primaria Modesto Alarcón.
A su regreso, Lucio Cabañas retomó la lucha que enarbolaba antes de ser expulsado. Ahora centró sus acciones en contra de los abusos de los talamontes, los terratenientes, las autoridades municipales y estatales, así como de los directores de escuelas que abusan de su puesto.
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El 18 de mayo de 1967, el profesor Cabañas Barrientos se fue a la sierra después de que las policías judicial y motorizada abrieron fuego en contra de los padres de familias que impedían la entrada de la directora de la escuela primaria Juan N. Álvarez. El saldo de ese día fue de 11 muertos. Los agentes policiacos responsabilizaron a Cabañas por los hechos.
Así inició la resistencia a través de las armas en la Sierra de Guerrero. «La lucha armada duró siete años entre los matorrales y la balacera del Ejército que a su paso quemaba pueblos enteros para quitarle base social al maestro normalista», refiere Laura Castellanos en su libro México armado.
La militarización se recrudeció para contener el movimiento armado en México y dejó cientos de desaparecidos, asesinatos y presos políticos, sin que hasta la fecha haya una sola persona procesada y sentenciada por estos hechos vergonzosos que cimbraron la conciencia colectiva de la nación.
Luis Suárez cita el comunicado de la Sedena en el que explicó el asesinato del profesor revolucionario: «Alrededor de las 9 de ese día, en la región El Otatal, municipio de Tecpán de Galeana, a unos 20 Kms. (sic), al NO de esta última población, fuerzas militares tuvieron un encuentro con el grupo delictivo del secuestrador y asaltante Lucio Cabañas Barrientos, en el que éste resultó muerto en compañía de otros 10 maleantes que los acompañaban».
Los calificativos que el Estado mexicano le endilgó a los luchadores sociales como Lucio Cabañas, Genaro Vázquez Rojas y todos los movimientos armados de la época fue de condena sin que se les permitiera defenderse ante tribunales y la opinión pública.
De acuerdo con la reconstrucción histórica, el informe que elaboró la Comisión de la Verdad de Guerrero cita algunos calificativos en contra de Lucio Cabañas: «En la sierra de Atoyac de Álvarez se desató una ola de crímenes. Según sus habitantes, los culpables eran los profesores federales Lucio Cabañas Barrientos y Serafín Núñez Ramos, quienes incitaron a los indígenas del lugar a terminar con los ricos que explotan a los pobres. Hasta el momento no habían intervenido autoridades judiciales estatales ni miembros del Ejército para poner fin a esa situación».
Así las cosas, las causas que llevaron a Lucio a tomar las armas aún están vigentes. La pobreza en las comunidades indígenas, la violencia en contra de las mujeres, jóvenes, campesinos y obreros son el pan de cada día.
Si bien es cierto que no se ha recrudecido la represión del Estado en contra de la población, esto no significa que haya cambios sustanciales. La negación de justicia, a la educación y la salud es el nudo gordiano, que el Estado mexicano sigue sin resolver.
México sigue siendo un país de grandes desigualdades, el Estado no logra retomar la rectoría que le corresponde para acabar con los abusos en contra de la población civil, una de las exigencia de Lucio Cabañas antes de tomar las armas.
A 51 años del asesinato extrajudicial del maestro guerrillero, siguen en el aire las grandes interrogantes para el pueblo oprimido. ¿Cómo articular las organizaciones sociales para hacer frente a los graves problemas estructurales que impiden la construcción de un país menos desigual, injusto y antidemocrático?









